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Facultad de Ciencias Económicas



 

MEDIOS

 

 

Lo dice la Constitución Política: las personas tienen derecho de “recibir información veraz e imparcial” y los medios “tienen responsabilidad social”. Sin embargo, estos preceptos no los cumplen los principales informativos televisivos, radiales y escritos del país, con sus respectivas excepciones, lo que resulta inadmisible en la era del posconflicto, en la que deberían quedar de lado (al menos en la teoría y en el “deber ser”) los sesgos, opiniones e intereses personales de periodistas, presentadores y grupos económicos. Así lo dijo Fabio López de la Roche, analista de medios y Director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), en el Seminario CID.

 

 

 

 

Bogotá D.C., 21 de junio de 2017 (Comunicaciones FCE – CID). Analizar y comprender los discursos que los medios de comunicación colombianos ofrecen a sus audiencias hoy no es tarea fácil. Se debe ‘leer entre líneas’ cada imagen, texto o diálogo que nos entregan los noticiarios, debido a que en medio de la polarización y de los odios que caracterizan al actual momento político y que llevan a los propios periodistas a tomar partido, el enfoque desde el cual es presentada la información puede estar cargado de parcialidad. Según el profesor Fabio López de la Roche, Director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia, los espacios informativos de los dos principales canales televisivos del país carecen de la ponderación y la profundidad necesarias para abordar con profesionalismo las temáticas relacionadas con el proceso de paz.

 

“Colombia vive procesos cruciales para su desarrollo democrático, el esclarecimiento de la verdad, para satisfacer los intereses de las víctimas y para su reconciliación como comunidad. Por eso, necesitamos medios equilibrados, capaces de anteponer los intereses nacionales sobre los de los grupos económicos que los patrocinan. Asimismo, periodistas que separen claramente sus opiniones frente al hecho noticioso. Es un reto enorme porque se debe construir un relato sobre la violencia y la crisis humanitaria de estos últimos cincuenta años, que incluya a todos y que no polarice más al país”, aseguró el profesor López de la Roche en la charla que ofreció en el Seminario CID 'Políticas públicas, economía política y medios de comunicación: posibilidades de investigación', en la Facultad de Ciencias Económicas UN.

 

El experto aseguró que lo triste del panorama nacional es que la mayor parte de la población, incluso sectores que han recibido una buena formación académica, se está enterando de los hechos nacionales principalmente a través de la televisión, y más grave aún, por medio de informativos predominantemente comercialistas como lo son Caracol Televisión y RCN Televisión; este último canal, según el análisis del académico, es el ejemplo más palpable de lo que no se debe hacer en materia noticiosa.

 

El investigador del IEPRI aclaró que cuando se pide ponderación y equilibrio, lo que se reclama es un modo de informar que no juzgue, prevenga deliberadamente o tome partido por uno u otro actor. En ese sentido, las franjas noticiosas de RCN Televisión carecen de ecuanimidad, porque de forma evidente presentan una visión parcializada del país y del proceso de paz, subordinada a los mitos y a la ideología del líder máximo y los congresistas del Centro Democrático: “Santos es un dictador”; “el proceso de paz es la entrega al castrochavismo”; “Colombia va para un régimen como el de la Venezuela de Maduro”, etc.). En ese sentido, la sagrada línea divisoria que debe existir entre opinión e información en un ejercicio periodístico de calidad, está desvanecida en el informativo de ese canal a favor de la ideología, con el propósito deliberado, sugiere el profesor, de desatar ciertas pasiones de la teleaudiencia (el odio hacia la figura de Juan Manuel Santos, la desconfianza hacia las Farc y la descalificación del proceso de paz a través del miedo), más no de propiciar posturas críticas y reflexivas.

 

“En Colombia los medios se concentran en las mismas manos de los dueños de los bancos, las tierras y la economía, y eso indudablemente supone un conflicto de intereses. Por eso, desde la academia tenemos la obligación de investigar no solo la parte discursiva, sino también sobre la propiedad de los medios, en manos de quiénes están, qué intereses expresan, qué censuran frente a algunos temas y cómo se benefician los dueños de los medios de la información que publican sus canales”, manifestó el profesor López de la Roche.

 

Añadió que en la coyuntura actual de posconflicto, es vital el papel que cumplan los medios de comunicación públicos y privados en el manejo de temas cruciales como la transición a las zonas veredales, la dejación de armas, la Jurisdicción Especial de Paz y la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, entre muchos otros. “Estos procesos tienen enemigos acérrimos, como el Centro Democrático que trata de devaluar y desinformar sobre ejes fundamentales de los acuerdos como la justicia transicional, haciéndola ver como un diseño institucional para favorecer a la Farc, cuando en realidad se trata de una herramienta de impartición de justicia equilibrada y ponderada no solo frente a los crímenes cometidos por las Farc, sino frente a las violaciones a los derechos humanos de todos los demás perpetradores de este conflicto”.

 

El académico destacó que, a pesar del regular desempeño de los dos canales privados dominantes en la televisión, quedan algunos medios como El Espectador, con su Proyecto 20/20; el trabajo de reportería del proceso de paz realizado por Marisol Gómez, en El Tiempo; la propuesta de Yolanda Ruiz en la información de RCN Radio; el periodismo investigativo de Noticias Uno o la opinión política plural en Hora 20, de Caracol Radio que contribuyen a brindar a los ciudadanos y ciudadanas elementos de juicio sólidos y más equilibrados, para comprender el proceso de paz y los principales retos del pos-acuerdo, ponderando la necesidad del país de entrar en una etapa de reconciliación, esencial para una paz duradera.